Gran parte de nuestra vida la pasamos
acostados. Horizontales, como la última fase de una persignación, miramos un
horizonte que nos es común.
A
veces te deseo la muerte. A ti, a ellos, a tu familia y a tu historia, a tus
ideas envidiables y a tus chistes. Les deseo la muerte a tu perro y al gato que
nunca tuviste. Te deseo la muerte a ti, sombra y luz, sangre y piel, orden y
caos. Le deseo la muerte a nuestra cama, le deseo muerte a esos libros que no
leímos, a esas copas que nos servimos, a esas fotos que no sacamos y a tu
sonrisa falsa. Te deseo tanto la muerte que, a veces, me deseo la muerte.
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