Gran parte de nuestra vida la pasamos
acostados. Horizontales, como el primer beso que te di, miramos un horizonte
que nos es común.
Sé
que estamos horizontales esperando que la verticalidad nos haga suya. Hemos
sido del otro en vertical, pero sólo podemos decir eso con sinceridad las veces
que hemos estado en horizontal. Parece que la verdad no surge del pecho que
está en un cuerpo erguido. Parece que la verdad no surge de ti sino cuando te
miro a los ojos por entremedio de las sombras que producen los aparatos
colgados en tu pieza. Entremedio de esas sábanas que siempre quise comprarme,
estabas tú esperando que te hiciera mía, sin entender que ya éramos del otro
desde el momento en que el azar decidió ponernos la misma manta sobre la
cabeza.
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