domingo, 26 de abril de 2015

Héroe.


Siempre ha estado ahí. No es algo obvio como el aire que respiramos, pero está ahí, mirando desde las estrellas. Sin saberlo, cuando niño jugaba con sus cassettes como si se tratara de invasores del espacio; luego, lo escuchaba en las mañanas antes de ir a la escuela, porque despertaba a mi mamá; de adolescente, lo bailaba sin tener mucha consciencia sobre ello. Desde ahora, mirando hacia atrás, pienso que siempre estuvo ahí, como una especie de rayo que parte el rostro en dos, pero cuya cicatriz es simplemente el rostro mismo.
           Mirando hacia atrás, con el cuello torcido, recuerdo que he buscado incesantemente reconstruirlo, rehacerlo noche a noche, como un monstruo. Las partes que lo conforman son las situaciones que robo de cada persona: esa caminata; ese abrazo; ese grito en el karaoke; ese cabezazo; ese brindis con vasos de plástico; esa carta; esa sombra; esa invitación fallida. Las sorpresas en las que aparece me hacen sentir su protegido, sabiendo que aparecerá en el momento de la magia. Me ha enseñado que siempre aparece, brillando como un rayo.

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