Muchas veces nos lleva el viento. El viento
nocturno, que es una especie de sombra, es la que permite navegar a las
lechuzas y a los vampiros. El viento matutino, a las golondrinas y las ninfas.
Nuestra diferencia con las lechuzas es que no tenemos visión nocturna; con los
vampiros, es que podemos reflejarnos en los espejos; con las golondrinas, que
no podemos cantar; con las ninfas, que no sabemos danzar. Por eso, el viento
que nos mueve parece azaroso, parece que nos lleva a cualquier parte, porque no
nos hacemos de nuestro viento, de nuestro movimiento.
Estamos
en una constante batalla contra el viento, una batalla por el movimiento.
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