Gran parte de nuestra vida la pasamos
acostados. Horizontales, como tu brazo en esa foto que guardo en el cajón, miramos
un horizonte que nos es común.
Miro
por entre las hojas un poco de luz. Luzceleste es la que me recuerda esa tarde
que pasamos en el pasto, mirando alternativamente el ojo ajeno y el rayo de
sol. Me decías que no era “rayo de sol”, sino “los rayos del sol”. Pienso en
ese tipo de correcciones y todos los libros que mi generación no escribió por
pasársela horizontales mirando el reflejo del rayo de sol en sus propio techos.
El techo se mira a oscuras, porque sólo entre las tinieblas sale a luz la
verdad hablada.
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